Antiguamente en el trabajo, nadie pensaba en la mediocridad, es un concepto digámoslo de alguna manera que ha venido con la modernidad.

Podríamos preguntarnos si esas personas que trabajan en la misma empresa durante años y años tal vez ¿son poco ambiciosos y hasta cierto punto mediocres?

Puede que simplemente sea un tema de seguridad y de rutina el que nos lleva a permanecer en un mismo sitio sin aspiraciones a cambiar o mejorar.

La mediocridad en el trabajo ¿Un valor en alza?

Cuanto más arriba sube uno en la escala profesional da la impresión de que los de abajo se quedan más pequeños.

Los profesionales más brillantes utilizan a los trabajadores de la escala inferior para entrenarse y subir, podríamos decir que es el proceso de la selección natural.

Alguien realmente motivado e inteligente no se queda parado, los más preparados cambian de empresa o de puesto y van ascendiendo, los más preparados se marchan en dos o tres años, quedan siempre los menos sobresalientes, eso implica que en las grandes empresas siempre hay un síntoma decadente.

Ser mediocre ¿resta competitividad y eficacia?

En la actualidad para entrar en una compañía se exige el triple de conocimientos y valía que hace 10 o 15 años, las personas están mejor preparadas que antes.

Los que tienen mejores conocimientos compiten más y por puestos mejores.

Ser mediocre tiene pues mucho sentido ante ese planteamiento.

ser mediocre en el trabajo 1

Los mediocres no son mediocres por quedarse, sino que al quedarse no mejoran sus capacidades y al compararlos con los que siempre van acumulando más y más conocimientos se vuelven mediocres comparativamente.

La rutina y la monotonía activa la mediocridad

Hacer siempre la misma rutina, aburre a cualquiera, hace que el trabajo no brille, que no haya incentivos para mejorar y ser más feliz en nuestros puestos profesionales.

Nadie incentiva a los que llevan mucho tiempo en el mismo sitio.

Las empresas no están interesadas en recompensar a los trabajadores que siempre están en su puesto,día tras día desde hace años, que conocen bien la empresa, salvan las dificultades aparentemente con sencillez (ya están habituados desde años a hacerlo), conocen a los clientes, saben cómo tratarlos y su trabajo no tiene secretos para ellos.

Al contrario las empresas prefieren carne fresca, nuevas habilidades y profesionales que brillen por sí solos.

La mediocridad ¿desfase generacional?

Los mediocres son los aburridos, cada vez más se abre un espacio entre los nuevos y los antiguos más y más difícil de conectar, esto hace que no haya entendimiento en el trabajo entre estos dos tipos de profesionales. Se ha abierto una brecha generacional.

Los nuevos profesionales, esos jóvenes universitarios con cinco idiomas y amplio conocimiento de las redes sociales, internet y sus móviles miran extrañados a los trabajadores del otro lado de la mesa, esos que son más lentos, más pacientes.

ser mediocre en el trabajo 2

No hablan y se miran unos a otros, lenguajes diferentes, formas de comunicarse diferentes.

Los mediocres son IMPORTANTES para la empresa

Los trabajadores denominados mediocres son vitales para la empresa, aunque los altos directivos no quieran verlo, su afiliación con la empresa, su sentir la empresa como suya y los años dedicados a la empresa hace que sean los verdaderos cimientos del negocio, su conocimiento profundo del sistema en el que se trabaja permite que la empresa siempre se mantenga viva.

A día de hoy muchas empresas se niegan a cubrir vacantes de puestos de trabajo con candidatos que tengan más de 30 o 35 años, priman los cinco idiomas que nunca se van a usar y las dos carreras a la amplia experiencia del mundo laboral y de la vida real.

Los nuevos empleados que brillan acabarán buscando asentamiento laboral y comenzarán a conocer profundamente y durante años alguna de las empresas por las que actualmente navegan a dos aguas.

A partir de entonces pasarán a ser los mediocres que ponen toda su profesionalidad al servicio de la sabia que genera la vida de la empresa.


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