como olvidar a tu ex

Historias de Amor. "La asignatura pendiente",  Ana descubre que Rubén le lanza indirectas continuamente sobre lo que sigue sintiendo por ella y le para un poco los pies, pero Rubén está decidido a que no vuelva a desaparecer de su vida.

Yo no sé cómo lo veis vosotras, pero para mí, que tu primer novio acabe de reaparecer en tu vida en la brillante forma de maestro de tu hijo, y que en el primer café que te tomes con él empiece a lanzarte indirectas de lo mucho que ha pensado en ti en los casi veinte años que hace que no os veis… es como mínimo una bomba que debería estar etiquetada con un luminoso que dijera “No agitar”.

Las insinuaciones de Rubén me hicieron salir precipitadamente del coche, donde nos habíamos resguardado de la lluvia para tomarnos aquel café, apenas sin despedirme. 

Volví a casa, y cuando llegué, mi marido ya había vuelto del trabajo, había bañado a Pablo y estaba preparando la cena.

—Por Dios, Ana, ¿dónde te has metido? Te he llamado varias veces —reparó en mi aspecto desastroso y añadió—: ¿qué te ha pasado? Estás completamente empapada.

No había pensado una excusa, así que improvisé:

—Se me pinchó una rueda del coche, y he tenido que cambiarla.

—¿Y por qué no has llamado al seguro?

Más mentiras:

—Es que estaban desbordados de avisos. Me dijeron que la grúa tardaría demasiado.

—Ay, pero qué osada eres—me reprendió, cariñoso—. Anda, vete a la ducha y entra en calor. Mañana nos cambiamos los coches y me encargo de llevar al taller la rueda de repuesto.

—No, no te preocupes —Antonio me miró extrañado, siempre se encargaba él de llevar los coches al taller—. Lo dejo de camino al trabajo yo misma, no me importa. Tu coche es demasiado grande y me cuesta aparcarlo en mi plaza de garaje, ya sabes, esa maldita columna.

—Como quieras.

Me escabullí al cuarto de baño cerrando la puerta detrás de mí, sintiéndome vil y embustera como si viniera de echar un polvo. ¡Dios!

Me metí bajo la ducha con el recuerdo de Rubén Calderón demasiado presente.

Me enjaboné delicadamente el cuerpo, con los ojos cerrados pensando en él, y di rienda suelta en mi imaginación a lo que no me había atrevido a hacer en persona.

Lo evoqué desnudo conmigo bajo el agua caliente, con su boca recorriendo mi cuello y su cuerpo empujando el mío contra los azulejos hasta que la voz de mi hijo me trajo de regreso a la realidad:

–¡Mamá, no tardes, la cena está lista!

Me puse el pijama intentando mantenerlo alejado de mi mente mientras cenaba con mi familia.

En la sobremesa, con Antonio medio adormilado en el chaiselongue y Pablo completamente dormido sobre mi regazo, cogí mi móvil y le puse un whatsapp a Irene.

Yo: “Hola nena, no te vas a creer lo que me ha pasado hoy”.

Su respuesta no se demoró:

Irene: “Cuenta”.

Yo: “¿A qué no sabes quién es el nuevo maestro de mi hijo?”.

Irene: “¿El buenorro?”.

Yo: “Yes”.

Irene: “Ni idea. ¿Bon Jovi?”.

La ocurrencia de aquella colgada que seguía enamorada de su ídolo de los ochenta me arrancó una sonrisa.

Yo: “Rubén Calderón”.

Irene: “¿Quéee?”.

Enseguida me entró una llamada de voz de Irene, pero tuve que cortarla.

Yo: “No puedo hablar ahora, petarda”.

Irene: “Joder, escóndete en el baño y me cuentas con detalle”.

Yo: “No puedo, en serio”.

Irene: “¿Sigue estando de rechupete?”.

Yo: “Más aún. Los años lo han vuelto interesante”.

Irene: “Dios, y ¿qué ha pasado?”.

Yo: “Nada, pero me ha lanzado un montón de indirectas”.

Irene: “¡¡Me mueeeero!! ¿No os habéis dado ni un piquito?”.

Yo: “¡¡¡Irene!!!”.

Irene: “Tía, que dura eres. El amor de tu vida”.

Yo: “Ay, me ha costado lo suyo, no creas”.

Irene: “Oh, pequeña, antes de que acabe el curso te has metido en su cama”.

Yo: “¿Qué dices? Está casado, mujer”.

Irene: “¿Y qué? Tú también. Siempre me has dicho que como Rubén en la cama, ninguno”.

Yo: “Cierto, pero las circunstancias son otras”.

Irene: “Cariño, en lugar de pensar tanto, deja que te dé un buen revolcón”.

Yo: “Qué brutísima eres. Anda, te dejo. Voy a la cama”.

Irene: “Que sueñes con los rubencitos”.

Ahogué otra carcajada.

Borré la conversación y puse el móvil a cargar. Eché la llave de la puerta, apagué las luces, desperté a Antonio, que ya se había quedado dormido, y cogí a Pablo para llevarlo a su cuarto.

Cuando me metí en la cama, en completa oscuridad, me sentí vulnerable. ¿Y ahora, cómo hacía para dejar de pensar en él?

¿Cómo afrontará Ana su rutina ahora que Rubén había vuelto a su vida?

¿Sería capaz de mantenerse alejada de la tentación que le suponía? 

Descúbrelo en el siguiente capítulo.

Historias de Amor. La Asignatura pendiente por Raquel Tello para Aire-soloparamujeres.com


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