No da señales de vida ¿Lo hace a propósito? | Historias de amor. La asignatura pendiente | Amor y sexualidad | Noticias

Resumen capítulo anterior: Rubén y Ana disfrutan de una agradable cena en la que se ponen al día de sus vidas desde que dejaron de verse, cuando rompieron su noviazgo. A la hora de la despedida, Rubén le da un casto beso en la mejilla que la deja descolocada.

Después de aquella encantadora cena con mi ex, intenté aparentar que mi vida volvía a la normalidad. Abracé la rutina con cierto sentimiento de culpabilidad por haber tenido aquella cita a escondidas de mi marido.

Pero tampoco dejaba de darle vueltas a una idea: con todo lo que Rubén había insistido en que pasáramos un rato a solas, su discreta despedida con un beso en la mejilla me había decepcionado.

No iba a negar que ahora me alegraba de que todo hubiera quedado en un cándido encuentro, pero tampoco iba a dejar de reconocer que me hubiera encantado echarle la culpa al vino de lo que habría podido ocurrir.

A mi amiga Irene me costó convencerla de que realmente no había pasado nada entre nosotros. Yo creo que ella vivía a través de mi historia su propio deseo de aventura, porque me animaba a llevar yo la iniciativa que él no estaba dispuesto a asumir.

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Pasaron algunos días más sin noticias suyas y ya empezaba a hacerme a la idea de que todo había sido producto de mi imaginación y de que las intenciones de Rubén nunca habían sido distintas de las de un inocente reencuentro, cuando me llegó al grupo del cole una invitación de la delegada: necesitaban padres para ayudar en una excursión que tenían prevista en una semana.Había dos profesores de baja y el centro recurría a nuestra colaboración para la supervisión de los niños. 

Sabía que tenía que decidirme rápido, en un par de horas ya se habrían ofrecido algunas voluntarias, normalmente las madres de siempre.

Comprobé el día de la excursión en mi agenda para asegurarme de que podía pedírmelo libre –siempre tenía días acumulados de los fines de semana que me tocaba trabajar– y me ofrecí en el grupo.

Yo era de las que nunca participaba en nada del colegio, normalmente mi horario no me lo permitía, y siempre tenía  mil gestiones pendientes de hacer como para perder un día libre con una excursión del cole. Pero esta vez era diferente y me apetecía muchísimo.

Antes de mediodía, la delegada me confirmaba por privado que otra mamá y yo seríamos las que acompañaríamos a nuestra clase. Cuando lo comenté en casa a la hora de la cena, Pablo casi saltó de alegría:

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–¿De verdad, mamá? –gritaba corriendo a mi alrededor y haciendo que casi se me cayera el bol de ensalada que llevaba a la mesa.

–¿Y eso? –me preguntó mi marido–. ¿Te has pedido el día?

–Sí, he pensado que por una vez debería participar en algo del cole, ¿no crees?

–Claro que sí, cariño – y añadió riendo–.Pero no te veo haciéndote cargo de veinte niños, ¡si no tienes paciencia!

Cuando vio que refunfuñaba se acercó a mí y me dio un abrazo cariñoso:

–Me parece bien, Ana. Pablo te lo agradecerá.

Ay, la punzada del engaño volvía a atacar. Yo sabía que no lo había hecho por mi hijo, lo había hecho por volver a verle, egoístamente, aprovechándome de unas circunstancias que no me pudieran  comprometer.

A la mañana siguiente, a eso de las doce, rompiendo su silencio de varios días, recibí un whatsapp de Rubén:

“¿Así que te vienes conmigo de excursión al Corredor Verde?”

Medí mis palabras, no quería dar más que él, así que en el mismo tono sugerente pero sin arriesgar nada le respondí.

Yo: “Eso parece. ¿Algún problema?”

Rubén: “Ninguno. Me muero por volver a verte”

La actitud que hasta entonces había mostrado de mujer fría y distante, guardando las distancias y las apariencias, se vino abajo ante la primera muestra de cariño de él.  Me hubiera gustado preguntarle “¿de verdad?” pero ya sabía que era de verdad. Decidí ser un poco más juguetona.

Yo: “¿Me has echado de menos?”

Miraba la pantalla viéndolo escribir durante un rato. Se paraba, volvía a escribir. Parecía que dudaba de lo que quería decir. Finalmente, me envió:

Rubén: “Llevo veinte años echándote de menos”.

En ese punto tuve que irme al baño de la galería.

Mientras cruzaba las diferentes salas, iba bailando, girando como si estuviera bailando un vals imaginario con él. Antes de cerrar la puerta del aseo, vi a mi compañera, la mosquita muerta, asomar su cabeza por la sala y mirarme extrañada.

¿Se arrepentirá Ana de haberse apuntado a la excursión? ¿Será capaz de fingir indiferencia delante de todos? ¿La pondrá Rubén en algún aprieto? Descúbrelo en el próximo capítulo. 

Historias de Amor. La Asignatura pendiente por Raquel Tello para Aire-soloparamujeres.com


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