un cafe con tu ex

Historias de Amor: "La asignatura pendiente" Ana llega tarde a la tutoría con el maestro de su hijo. Lo que no espera es encontrarse con que el maestro no es otro que el que fuera su primer novio, su amor de juventud, Rubén, que la invita a tomarse un café.

Allí estaba yo, de pie en mitad de la clase de mi hijo, empapada de arriba abajo porque afuera estaba cayendo el diluvio universal, dispuesta a conocer a su nuevo maestro en lo que se suponía que tenía que ser la primera tutoría del año.

El caprichoso destino va y me coloca delante a mi primer novio, que encima, me invita a tomarme un café. ¿Qué debía hacer?

—Bueno, ¿qué me dices? ¿Aceptas ese café o no?—insistió Rubén, con aquella sonrisa suya que siempre me había ganado.

Diossss, ¿por qué tenía que seguir estando tan bueno?

—Pero estoy hecha un asco, me da vergüenza ir así a ningún sitio.

—Mujer, hace veinte años que no sé nada de ti, no puedes decirme que no. Tenemos que ponernos al día. Venga, te presto una toalla que tengo en mi taquilla y te secas un poco.

Sonreí como una boba y acepté. Entré en el cuarto de aseo de las niñas con su toalla, que olía a jabón, en las manos.

Me quité las medias, empapadas, y me puse un par nuevo que, por órdenes de mi jefa, siempre llevaba en el bolso; una carrera y era capaz de despedirme.

Me sequé un poco el pelo con el secador de aire del lavabo y me retoqué el maquillaje. De repente pensé, ¿qué estoy haciendo? Aquello no era una cita, era una tutoría de padres.

La imagen de mi marido me vino a la mente y me sentí inmediatamente culpable. Ay, pero eran tantos los buenos recuerdos que me asaltaban…

Sacudí la cabeza y me concedí el tiempo justo de un café breve. De todas formas, no podía tardar, la  niñera había aceptado quedarse sólo una hora más.

Salí descalza, con los tacones mojados en la mano, para no fastidiar mi par de medias de emergencia.

Rubén me esperaba apoyado contra la pared, con sus vaqueros desgastados,su camisa de cuadros por fuera y su cazadora en la mano:

—Ya decía yo que te recordaba más bajita —bromeó.

—Vas a tener que llevarme en brazos hasta la cafetería, no traigo zapatos de repuesto.

—Quédate aquí —me dijo al llegar a la puerta del colegio, desierto ya a esas horas.

Apareció a los pocos segundos con su coche, un utilitario pequeñito de color rojo.

Se bajó, corrió hacia mí, y antes de que pudiera decirle “¡para!” me había cogido en brazos y me llevaba hasta el asiento del copiloto.

Tras la sorpresa inicial, y la preocupación por que pudiera vernos alguien, pasamos a las carcajadas. Seguía siendo tan espontáneo como entonces. Cuando cerró la puerta, después de montarse de nuevo en el coche, le dije:

—Estás loco.

Y de repente, recordé que cada vez que le decía eso cuando éramos novios, me respondía “por ti, peque”.

Nos miramos, sin decir nada, no tenía ni idea de si él acababa de recordar lo mismo que yo y esperaba por favor que no se le ocurriera decírmelo ahora ni en broma o tendría que lanzarme a su cuello.

Seguía ahí callado, taladrándome con su mirada, y al final, prudente, respondió:

—Siempre.

Le sonreí y me pregunté si con ese siempre había querido decir algo más. Arrancó y nos dirigimos a la búsqueda de la cafetería más cercana.

La idea de montar de nuevo un circo parecido a los ojos de posibles vecinos no me agradaba y él tuvo una idea.

—Compro dos cafés para llevar y nos los tomamos en el coche.

El plan me gustaba, por lo discreto, y me aterrorizaba a partes iguales. Tener que seguir compartiendo ese reducido espacio con el que había sido el amor de mi vida se me antojaba una actividad de alto riesgo.

Me preguntó si seguía tomando el café cortado sin azúcar —¿cómo podía acordarse de ese detalle después de tantos años?— y lo vi entrar corriendo en la tienda, mientras yo hundía mi cabeza entre las manos, exigiéndome un poco de autocontrol.

Bajé el parasol del copiloto y abrí el espejo, intentando encontrar a la madre que había entrado en el colegio hacía unos minutos.

Pero el espejo sólo me devolvía la mirada de una alocada veinteañera universitaria.

¿Qué pasará durante el café que se toman dentro del coche?

¿Será capaz Ana de contener sus impulsos y no dejarse llevar por el recuerdo de un amor pasado?

Descúbrelo en el siguiente capítulo.

Historias de Amor. La Asignatura pendiente por Raquel Tello para Aire-soloparamujeres.com


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